En agosto de 1539, en Ávila, cavaron una tumba para Teresa de Cepeda. Llevaba cuatro días sin conocimiento y la habían dado por muerta. Su padre se negó a enterrarla. Al cuarto día ella abrió los ojos. Vivió cuarenta y tres años más. Quedó paralítica durante tres, volvió a andar a rastras y atravesó después casi veinte años de lucha interior, con largos periodos en que dejó de rezar por pura vergüenza, convencida de que alguien como ella no merecía ser escuchada. Este libro cuenta lo que ocurrió cuando volvió.
Lo escribió a los cuarenta y siete años, de noche y con papel prestado, porque un grupo de ...